4 de enero de 2018 Leer

Al observar un grano de arena bajo el microscopio, la vil pieza de silicato resulta ser el hogar de decenas de miles de microorganismos. Para determinar su distribución espacial en un grano de arena por primera vez, los investigadores de David Probandt del Instituto Max Planck (MPI) para Microbiología Marina en Bremen colorearon las pequeñas partículas con un marcador fluorescente verde. El resultado: las bacterias no colonizan su hábitat de manera uniforme, pero viven principalmente en grietas y depresiones. No solo están protegidos contra los depredadores, sino también contra daños mecánicos: "Cuando los granos de arena se inundan y se arremolinan y rozan entre sí, las bacterias encuentran un lugar seguro en tales hendiduras", explica Probandt, miembro del Departamento de Ecología Molecular. MPI.

Sin embargo, los residentes de 17 granos de arena investigados no pudieron esconderse de los científicos del MPI. Un análisis genético también reveló la gran variedad de bacterias: "En cada grano de arena encontramos miles de especies diferentes". Aproximadamente la mitad de todas las especies descubiertas vivían en cada grano. Algunos de ellos viven con oxígeno elemental, otros lo extraen de nitratos u óxidos de azufre. Se sabe desde hace aproximadamente un siglo que la arena es un hábitat poblado, y cuán importantes son los organismos unicelulares para el ecosistema marino y el mantenimiento de los ciclos materiales mundiales. Los colonos de grano de arena funcionan como un filtro. Extraen carbono, nitrógeno y otros compuestos químicos del agua para su metabolismo. "Siempre hay una bacteria que procesa las sustancias del agua circundante", dice Probandt.

Foto: MPIMM / CC-SA BY 4.0

© science.de - Jana Burczyk publicidad
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