En estas dos secciones esquemáticas del hemisferio derecho, las regiones del cerebro involucradas en el sistema de frenado están marcadas en color. Imagen: David Flitney, Universidad de Oxford
El cerebro tiene un freno de emergencia incorporado para detener repentinamente actividades o movimientos: consta de tres regiones cerebrales ampliamente separadas, que están conectadas por cables de datos de alta velocidad de fibras nerviosas, han descubierto científicos estadounidenses. Esto permite un intercambio rápido de información y, por lo tanto, un control rápido del comportamiento, ya que es necesario en una situación peligrosa inesperada en el tráfico. De las tres regiones del cerebro involucradas en el sistema de frenado, los investigadores ya saben por estudios previos que son responsables del control consciente del comportamiento. Sin embargo, para comprender mejor su papel en el frenado de emergencia, el investigador estadounidense Adam Aron y su equipo estudiaron las interconexiones entre estas áreas en un total de 25 voluntarios. Las gruesas hebras de fibras nerviosas, que conectan las regiones cerebrales involucradas entre sí, demostraron ser decisivas para el buen funcionamiento de una maniobra de freno.

Los investigadores imaginan su función de la siguiente manera: tan pronto como una pequeña región en la parte inferior del lóbulo frontal derecho da la señal de frenado, los cables nerviosos la pasan al llamado subtálamo. Esta área del cerebro, ubicada debajo de la corteza cerebral dentro del cerebro, forma la interfaz con el centro de movimiento y puede considerarse como el freno real, explican los científicos. La tercera región participante, parte de la corteza motora complementaria, se encuentra directamente en frente del centro de movimiento y es responsable de aprender las secuencias de movimiento y procesar los principales cambios ambientales. Qué papel juega exactamente, los científicos aún no pueden decir. Sin embargo, sospechan que, junto con el resto de la red de frenado, probablemente controla no solo el movimiento, sino también los pensamientos y las emociones.

Hay indicios de esto en estudios con pacientes de Parkinson. Estos a menudo no pueden moverse en absoluto, especialmente en las últimas etapas de la enfermedad, porque su subtálamo y, por lo tanto, su freno de movimiento se activa constantemente. Si esta área se estimula con la ayuda de un electrodo, las personas afectadas recuperan su capacidad de movimiento pero en muchos casos pierden el control de su otro comportamiento. Por ejemplo, hubo un caso en el que un hombre de familia de repente desarrolló un deseo sexual excesivo y le robó dinero a su esposa para pagar a las prostitutas, informan los científicos. Ahora quieren investigar en qué medida los cables de fibra nerviosa están involucrados en la interconexión entre el movimiento y el autocontrol, y en qué áreas el sistema de frenos también juega un papel.

Adam Aron (Universidad de California, San Diego) y otros: Journal of Neuroscience, Vol. 27, No. 14 ddp / science.de? Anuncio de Ilka Lehnen-Beyel

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