Leer más La pobreza en los países en desarrollo impide que más de doscientos millones de niños menores de cinco años desarrollen sus capacidades intelectuales en todo el mundo, según un estudio de tres partes realizado por investigadores internacionales. Los niños desfavorecidos están peor en la escuela, tienen un ingreso más bajo y no pueden cuidar a sus propios hijos lo suficientemente bien como para transmitir las consecuencias de la pobreza a la próxima generación. Esto también crea una pérdida de potencial de trabajo que afecta negativamente el desarrollo nacional del país en cuestión. La pobreza trae mala salud, mala nutrición y cuidado inadecuado de los niños, lo que afecta negativamente su desarrollo mental, motor y socioemocional. Especialmente los primeros años de vida son cruciales, porque durante este tiempo el cerebro se desarrolla muy rápido, explican los autores del estudio. Por lo tanto, los niños desfavorecidos en los países en desarrollo carecen de la capacidad intelectual que habrían logrado en mejores condiciones. Entre las causas principales, según el segundo estudio de la serie, se incluyen la desnutrición, la estimulación mental insuficiente, la depresión de la madre o enfermedades infecciosas como la malaria o el SIDA.

Para medir el número de niños tan limitado, los científicos recorrieron las bases de datos globales de niños con deficiencia de crecimiento y aquellos que viven en la pobreza. Ambos factores son indicadores confiables del pobre desarrollo mental de los niños, los investigadores habían demostrado previamente. De esta manera, identificaron un número de al menos 219 millones de niños menores de cinco años que tienen un rendimiento cognitivo limitado. Esto corresponde al 39 por ciento de todos los niños en este grupo de edad en los países en desarrollo, explican los investigadores. La mayoría de los niños desfavorecidos, 89 millones, provienen del sur de Asia, mientras que en África subsahariana, con un 61 por ciento, la mayor proporción de niños no alcanza su potencial espiritual.

El número de seis millones de niños moribundos cuya muerte pudo haberse evitado es solo la punta del iceberg, escriben los autores del estudio. Aparte de la búsqueda de la igualdad y el bienestar individual, la inactividad ya no es justificable en vista de los costos enormemente altos de reducir la productividad de los niños. Cada vez hay más pruebas de que una intervención temprana podría prevenir este desarrollo negativo. Estos incluyen, de acuerdo con los resultados del tercer estudio, programas de crianza para niños y una mejor nutrición.

Sally Grantham-McGregor (University College, Londres) y otros: Lancet, Vol. 369, p.60 ddp / science.de? Annette Schneider publicidad

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